En un sector donde la confianza ha sido siempre el activo más difícil de cuantificar, las aseguradoras peruanas comienzan a confiar en algoritmos para anticipar el momento en que un cliente considera abandonar su póliza. La inteligencia artificial no reemplaza aquí la relación humana, sino que la prepara: identifica señales invisibles, personaliza el mensaje y reduce la necesidad de ofrecer descuentos que erosionan los márgenes. Es una transformación que revela cuánto de la fidelidad del cliente ha sido siempre legible en sus datos, si alguien hubiera sabido leerlos.