En la noche del martes, Telegram desapareció brevemente del catálogo mundial de Apple sin explicación aparente, desatando teorías que iban desde la censura hasta conspiraciones políticas. La verdad, confirmada por el CEO Pavel Durov, resultó ser más perturbadora que cualquier rumor: un extorsionador plantó pornografía ilegal generada con inteligencia artificial en un chat público, la denunció directamente a Apple y esperó cobrar. El incidente no es solo la historia de una app que volvió en horas; es el retrato de una vulnerabilidad nueva que acecha a cualquier plataforma construida sobre el co