Cada familia debe convertirse en responsable de su propia desinfección
En Camagüey, la crisis energética ha cortado el suministro de los químicos que hacen posible el agua potable, obligando a las autoridades a devolver a cada familia una responsabilidad que durante décadas había sido colectiva: purificar su propio líquido vital. Es una adaptación que habla tanto de la fragilidad de los sistemas centralizados como de la capacidad humana de improvisar ante la necesidad. Lo que se pierde en comodidad y certeza, se intenta recuperar con instrucciones sencillas, frascos pequeños y el fuego de siempre.
- La interrupción de la producción de cloro gas y sulfato de alúmina deja a las plantas potabilizadoras de la provincia sin los insumos básicos para garantizar agua segura.
- Miles de familias camagüeyanas enfrentan el riesgo silencioso de consumir agua sin desinfección adecuada mientras la crisis de suministros se prolonga.
- Las autoridades provinciales responden promoviendo hervir el agua y distribuyendo hipoclorito de sodio al 1% en seis farmacias habilitadas de la capital, con límite de dos frascos por persona.
- La farmacéutica estatal acelera la producción local del desinfectante, apostando por la venta a granel para que los ciudadanos lleven sus propios recipientes y accedan a precios asequibles.
- En municipios con agua más turbia como Nuevitas y Guáimaro, el proceso exige un paso adicional de decantación, revelando que la solución no es uniforme para toda la provincia.
Camagüey enfrenta una ruptura en uno de sus servicios más fundamentales. La crisis energética que atraviesa Cuba ha interrumpido la producción de cloro gas y sulfato de alúmina, los químicos sin los cuales las plantas potabilizadoras no pueden garantizar agua segura para beber. Ante la imposibilidad de resolver el problema desde el centro, las autoridades han optado por trasladar la responsabilidad hacia los hogares.
Daniel Fuentes Milanés, director provincial de Acueducto y Alcantarillado, promueve dos caminos: hervir el agua —el método más antiguo y accesible— y aplicar hipoclorito de sodio al 1%, un desinfectante que puede producirse localmente. La receta es simple: tres gotas por litro, esperar diez minutos. Damarys Guillén Luis, directora técnica de Farmacias y Ópticas en la provincia, advierte que el producto caduca a los treinta días, por lo que la estrategia es venderlo a granel, en pequeñas cantidades, para evitar desperdicios.
Seis farmacias de la capital han sido habilitadas para dispensar el hipoclorito, con un límite inicial de dos frascos de treinta mililitros por persona. En municipios como Nuevitas y Guáimaro, donde el agua de los embalses es más turbia, será necesario además decantar el líquido antes de cualquier tratamiento. Los filtros criollos y los comerciales disponibles en tiendas completan el repertorio de alternativas.
Lo que emerge en Camagüey es una emergencia organizada: la población debe asumir su propia desinfección mientras dure la escasez. La pregunta que nadie responde todavía es cuánto tiempo durará esta situación y si las familias más vulnerables tendrán realmente acceso a los recursos y el conocimiento necesarios para protegerse.
La provincia de Camagüey enfrenta un desafío que toca uno de los servicios más básicos: el acceso a agua potable segura. La crisis energética que atraviesa el país ha interrumpido la producción de los químicos esenciales para purificar el agua en las plantas potabilizadoras —cloro gas y sulfato de alúmina— dejando a las autoridades locales sin las herramientas convencionales para garantizar que el líquido que llega a los hogares sea seguro para beber.
Daniel Fuentes Milanés, director provincial de Acueducto y Alcantarillado, reconoce la magnitud del problema y ha comenzado a promover un cambio de enfoque: en lugar de esperar a que se resuelva la producción centralizada de desinfectantes, está recomendando que cada familia asuma la responsabilidad de purificar su propio agua. La solución más simple es la más antigua: hervir el agua antes de consumirla. Pero también hay opciones que requieren productos químicos que sí pueden producirse localmente.
La farmacéutica estatal ha respondido aumentando la producción de hipoclorito de sodio al uno por ciento, un desinfectante que las familias pueden aplicar manualmente en sus depósitos de agua. El proceso es accesible: tres gotas por cada litro, esperar diez minutos, y el agua está lista para beber. Damarys Guillén Luis, directora técnica de la Empresa de Farmacias y Ópticas en Camagüey, explica que el producto tiene una vida útil corta —treinta días después de su elaboración— por lo que no conviene almacenarlo. La estrategia es venderlo a granel, permitiendo que los ciudadanos lleven sus propios recipientes y compren solo lo que necesitan a un precio accesible.
En la capital provincial, seis farmacias han sido habilitadas para dispensar el hipoclorito: las ubicadas en la Avenida de La Libertad, junto al Hospital Pediátrico, en Álvarez Fuente, en la esquina de Martí y San Pablo, en La Borla, y en Plaza de Méndez. Por ahora, cada persona puede adquirir dos frascos de treinta mililitros, aunque si la cobertura de producción lo permite, podrían llegar a cuatro frascos por persona.
Más allá de los químicos, Fuentes Milanés también menciona otras alternativas que ya existen en muchos hogares camagüeyanos: los filtros criollos, dispositivos caseros que mejoran la calidad del agua, y los filtros comerciales disponibles en la red de tiendas. En municipios como Nuevitas y Guáimaro, donde los embalses contienen agua más turbia, será necesario además decantar el líquido —dejar que los sedimentos se asienten— antes de aplicar cualquier otro tratamiento.
Lo que está ocurriendo en Camagüey es una adaptación forzada pero organizada: la población debe convertirse en responsable de su propia desinfección mientras persista la escasez de químicos. No es una solución permanente, sino una medida de emergencia que depende de que cada familia tenga acceso a los productos y el conocimiento para usarlos correctamente. La pregunta que queda abierta es cuánto tiempo durará esta situación y si todas las familias, especialmente las más vulnerables, tendrán realmente acceso a los recursos que necesitan.
Notable Quotes
Es propicio aplicar procesos de tratamiento alternativos en las viviendas de cada persona, por ejemplo hervir el agua que van a consumir— Daniel Fuentes Milanés, director provincial de Acueducto y Alcantarillado
Se debe utilizar tres gotas por cada litro de agua para clorarla y esperar al menos diez minutos después de añadir el producto para comenzar a consumirla— Damarys Guillén Luis, directora técnica de la Empresa de Farmacias y Ópticas en Camagüey
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué la crisis energética afecta específicamente la producción de cloro gas y sulfato de alúmina?
Estos químicos requieren procesos industriales intensivos en electricidad. Sin energía suficiente, las plantas que los producen simplemente no pueden funcionar. Es un efecto en cascada: sin electricidad, no hay producción; sin producción, no hay desinfectantes; sin desinfectantes, el agua no se puede tratar a escala.
¿Qué tan seguro es que una familia desinfecte su propio agua con hipoclorito de sodio?
Si siguen las instrucciones —tres gotas por litro, esperar diez minutos— es bastante seguro. El hipoclorito es el mismo desinfectante que usan las plantas potabilizadoras, solo que aplicado manualmente. El riesgo real está en quién no tiene acceso al producto o no sabe cómo usarlo.
¿Cuál es el problema con los envases que menciona la directora de farmacias?
La empresa tiene dificultades para conseguir botellas y frascos donde envasar el hipoclorito. Por eso permiten que la gente lleve sus propios recipientes. Es una solución práctica, pero también revela una escasez más profunda: no es solo que falten químicos, faltan también los materiales básicos.
¿Qué pasa con las familias que no pueden hervir agua o comprar hipoclorito?
Esa es la pregunta incómoda. Las medidas que se están implementando asumen cierto nivel de recursos y conocimiento. Las familias más pobres, sin acceso a gas o electricidad para hervir, sin dinero para comprar desinfectantes, quedan en una posición vulnerable. Los filtros criollos ayudan, pero no son una solución completa.
¿Cuánto tiempo se espera que dure esta situación?
No hay un horizonte claro. Mientras persista la crisis energética y el bloqueo que la causa, estas medidas alternativas seguirán siendo necesarias. Es una adaptación que comenzó como temporal pero que podría convertirse en permanente.