Anna Castillo: «Entras en la rueda del trabajo y no te das cuenta» de tus expectativas frustradas

Entras en una rueda del trabajo y no te das cuenta del tiempo que pasa
Castillo reflexiona sobre cómo la generación treintañera quedó atrapada en ciclos que erosionan los sueños iniciales.

En un momento en que una generación entera busca palabras para nombrar su malestar, la actriz Anna Castillo presta su cuerpo y su voz a Bárbara, una guionista treintañera que se aferra a las benzodiacepinas mientras el mundo no cumple las promesas que le hizo. La serie 'Se tiene que morir mucha gente', que llega a Movistar Plus+ el 21 de mayo, no es solo ficción: es el espejo de quienes crecieron creyendo que podían con todo y descubrieron que el capitalismo y el tiempo tienen sus propias reglas. Castillo habla desde adentro, con la lucidez de quien ha aprendido a relativizar sin rendirse.

  • Una generación criada bajo la promesa de la libertad total se encuentra atrapada en ciclos de trabajo, precariedad y expectativas incumplidas que nadie supo anticipar.
  • La normalización de los ansiolíticos como herramienta cotidiana revela una tensión profunda: más visibilidad para la salud mental, pero también una medicalización que inquieta por su naturalidad.
  • La presión estética sobre las mujeres persiste incluso cuando se conocen sus mecanismos: la hiperconexión digital convierte la comparación en un bucle casi imposible de romper.
  • Castillo encuentra su ancla en lo concreto y humano: apagar el móvil, estar físicamente con quienes quiere, relativizar el éxito para no perderse a sí misma.
  • La actriz avanza hacia la dirección con un proyecto propio en marcha y el deseo de la maternidad en el horizonte, navegando ambiciones sin urgencia ni presión.

Anna Castillo da vida a Bárbara, una guionista de treinta años que recurre a las benzodiacepinas para sobrellevar el desencanto de su generación. La serie 'Se tiene que morir mucha gente', creada por Victoria Martín a partir de su propia novela y disponible en Movistar Plus+ desde el 21 de mayo, retrata con honestidad el malestar de quienes fueron criados creyendo que podían hacer cualquier cosa y descubrieron que el mundo evolucionó hacia otro lugar. Junto a Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr forman el triángulo de amigas que articula esta exploración de la precariedad, la salud mental y las falsas expectativas.

Castillo, barcelonesa nacida en 1993, lleva trabajando desde los quince años y reconoce haber caído en la misma rueda que describe la serie: trabajo, metas, tiempo que pasa sin que uno se dé cuenta. Lo que más la conecta con Bárbara no es la medicación, sino la honestidad brutal, casi cínica, que el personaje practica consigo misma y con los demás. Actuar junto a Macarena García, su amiga íntima, intensificó esa autenticidad: con alguien tan cercano, fingir es imposible.

Sobre la presión estética, Castillo observa una paradoja dolorosa: sabemos cómo funciona la trampa y aun así caemos en ella, especialmente en un entorno de comparación constante alimentado por las redes sociales. Su antídoto personal es sencillo y radical: apagar el móvil y estar físicamente con las personas que quiere. Relativizar, no dramatizar, mantener la vida personal por encima de la profesional.

Mirando hacia adelante, Castillo trabaja en silencio en su debut como directora, un proyecto que confía en que llegará a buen puerto sin prisa. Y en el plano personal, la maternidad aparece cada vez con más fuerza en sus planes, aunque reconoce que el momento perfecto no existe. A su yo más joven le diría simplemente que disfrute del camino: las cosas, en su caso, han ido incluso mejor de lo esperado.

Anna Castillo entra en el papel de Bárbara, una guionista de treinta años que se hunde en benzodiacepinas mientras navega el desencanto de su generación. La serie Se tiene que morir mucha gente, que llega a Movistar Plus+ el 21 de mayo, fue creada por Victoria Martín a partir de su novela homónima y dirigida junto a Sandra Romero y Nacho Pardo. Junto a Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr completan el triángulo de amigas que protagonizan esta exploración del malestar generacional: precariedad laboral, salud mental, falsas expectativas. El título mismo es un desahogo, una manera de nombrar lo que muchos sienten pero pocos dicen en voz alta.

Castillo, nacida en Barcelona en 1993, lleva trabajando desde los quince años en una industria peculiar que la ha privilegiado, pero también la ha atrapado. Pensaba que a los treinta habría viajado, vivido en otros lugares. En cambio, entró en una rueda: trabajo, capitalismo, cumplimiento de metas mientras el tiempo pasaba sin que se diera cuenta. Es la frustración de una generación que fue criada creyendo que podía hacer lo que quisiera, pero el mundo evolucionó hacia otro lugar. No es pasividad, aclara. Es que se nos vendió una promesa que no se cumplió del todo.

El personaje de Bárbara recurre a las pastillas para gestionar la ansiedad, y Castillo reflexiona sobre cómo hemos normalizado vivir dopados. Hay algo de alivio en ello: antes, los problemas de salud mental no tenían nombre, había más estigma, era más difícil hablar. Ahora se puede nombrar la depresión, la ansiedad, buscar un equilibrio químico. Pero también hay algo inquietante en cómo la medicación se ha vuelto rutinaria, casi esperada. Castillo toca madera: de momento no ha tenido que recurrir a ellas, aunque reconoce que gestionar la vida y las emociones es bastante difícil para todos.

Lo que más la conecta con Bárbara es algo que al principio parece desagradable: la honestidad brutal, casi cínica. Aunque Castillo se considera empática y políticamente correcta, piensa parecido a su personaje en muchas cosas. Le molesta la falsa honestidad, esa que practicamos con nosotros mismos y con los demás. Trabajar con Macarena García, su amiga íntima a quien considera su hermana, intensificó las escenas. No se puede fingir lo que produces cuando actúas con alguien tan cercano y a quien quieres tanto.

Sobre la presión estética que sufren las mujeres, Castillo observa una incoherencia: tenemos más información que nunca sobre cómo funciona la trampa, sabemos por qué se ejerce, y aun así, con las redes y la comparación constante, es inevitable caer. Le preocupa especialmente lo relacionado con la delgadez. Siente que las mujeres pasan la vida luchando contra sí mismas, y es una pena. Pero no tiene la clave. Lo que sí sabe es que en un mundo hiperconectado, lo que la hace apagar el móvil son las personas: estar físicamente con su pareja, sus amigas, su hermana. Convivir con gente real.

Castillo no despega los pies de la tierra a pesar del éxito. Su antídoto es relativizar: nada es superimportante, nada es cuestión de vida o muerte. Su vida personal es más importante que la profesional, y eso la mantiene en contacto con quién es más allá de la actuación. Si mañana dejara la interpretación, se vería en algo relacionado con la gastronomía, o quizás en dirección, después de tantos años observando a directores. De hecho, ya está en ello. Tiene un proyecto que cree que va a ocurrir, pero sin prisa, sin presión. Las historias se tienen que contar desde muchos lugares, y cuando surge la posibilidad de aportar desde otro sitio, le apetece.

A su versión más joven le diría que disfrute del proceso, que viaje más, que va a ir todo bien. Está bastante contenta con cómo han ido las cosas. Sus expectativas se han cumplido con creces. Mirando hacia adelante, sueña con levantar un proyecto propio, algo que confía en que suceda. Y un sueño personal: ser madre. Es algo que en los últimos años se plantea con más fuerza, aunque reconoce que estas cosas son complicadas, que el timing nunca es perfecto.

Aunque seamos políticamente correctos y empáticos, pienso bastante parecido a Bárbara en muchas cosas. Me molesta la falsa honestidad con uno mismo y con los demás.
— Anna Castillo
Relativizar ha sido la clave para mí. Nada es superimportante, nada es cuestión de vida o muerte. Mi vida personal es más importante que la profesional.
— Anna Castillo
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué crees que una generación que fue criada para creer que podía hacer cualquier cosa termina tan atrapada?

Model

Porque la realidad no coincide con lo que nos prometieron. Nos dijeron que seríamos libres, pero entramos en sistemas que no diseñamos y que nos absorben sin que nos demos cuenta. El tiempo pasa y de repente tienes treinta años y no has hecho nada de lo que imaginabas.

Inventor

¿La serie intenta ser un grito de rabia o algo más complejo?

Model

Es más que rabia. Es honestidad. Bárbara es desagradable, cínica, toma pastillas, pero también es real. Creo que la gente necesita ver eso reflejado sin que le digan qué pensar al respecto.

Inventor

Mencionaste que te molesta la falsa honestidad. ¿Qué significa eso exactamente?

Model

Que nos mentimos constantemente. Decimos que estamos bien cuando no lo estamos. Fingimos que aceptamos cosas que nos duelen. Bárbara se niega a hacer eso, y eso es lo que me atrae de ella, aunque sea incómodo.

Inventor

¿Crees que tu generación es más consciente del problema o simplemente más vocal al respecto?

Model

Ambas cosas. Sabemos cómo funciona la trampa porque tenemos información. Pero saber no significa poder escapar. Es como saber que las redes sociales te hacen daño y seguir mirándolas. La conciencia sin poder de cambio es su propia forma de frustración.

Inventor

¿Qué te mantiene cuerda en una industria que parece diseñada para hacerte sentir insuficiente?

Model

Las personas reales. Mi pareja, mis amigas, mi hermana. Cuando estoy con ellas, el móvil desaparece, la validación desaparece. Eso me recuerda quién soy sin toda esta rueda.

Inventor

¿Dirigir es una forma de recuperar control sobre las historias que se cuentan?

Model

Sí, pero no solo control. Es la posibilidad de contar desde otro lugar, desde perspectivas que no siempre se escuchan. Después de años viendo cómo otros dirigen, siento que tengo algo que aportar.

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