En agosto de 2026, la Agencia Nacional de Ciberseguridad de Chile activó su protocolo de respuesta tras descubrir que una plataforma de inteligencia artificial de código abierto, LiteLLM, había sido comprometida por actores maliciosos que envenenaron silenciosamente la cadena de herramientas de desarrollo. Aproximadamente veinte instituciones chilenas —incluyendo organismos de gobierno y grandes empresas— enfrentaron una exposición potencial, aunque sin daño confirmado hasta el momento. El incidente revela una verdad incómoda de la era digital: la confianza depositada en herramientas compartid