Ana Arzoumanian analiza cómo la IA transforma la humanidad en su ensayo 'Una revolución sin revolucionarios'

La máquina que escribe lo hace desde un exterior con elementos de un interior
Arzoumanian describe cómo la IA genera textos sin cuerpo, sin sensibilidad humana, solo conformidad con lo solicitado.

En un momento en que los algoritmos reemplazan a los narradores y los datos disuelven la subjetividad, la escritora y jurista Ana Arzoumanian propone en su nuevo ensayo que la humanidad no atraviesa simplemente un cambio tecnológico, sino el derrumbe silencioso de las ficciones colectivas que sostuvieron la modernidad: la ciudadanía, la soberanía, la democracia. Desde Buenos Aires hasta Silicon Valley, el libro Una revolución sin revolucionarios traza la línea que va de las marcas en las cavernas hasta los reels de las redes sociales, preguntando qué queda del alma cuando la vida se convierte en variable medible.

  • La escritura alfabética, que durante siglos fue el vehículo del pensamiento crítico y la memoria colectiva, está siendo desplazada por algoritmos matemáticos que no reflejan la visión de un autor sino la conformidad con lo que el usuario solicita.
  • Los pilares de la modernidad —soberanía, representación, Estado-Nación— se desmoronan bajo la aceleración digital, dejando en su lugar una estructura de castas donde solo parecen existir ricos y pobres.
  • Las guerras híbridas y las revoluciones de colores utilizan medios, imágenes e información como armas operativas tan poderosas como las divisiones militares, borrando la frontera entre lo civil y lo bélico.
  • Silicon Valley avanza como una forma de colonización estética y ética global, imponiendo un narcisismo masificado y horizontal que distribuye uniformemente la visibilidad sin jerarquía ni reconocimiento genuino.
  • La pregunta que Arzoumanian deja sin respuesta es la más urgente: si estos procesos representan el fin del parlamento mismo, el fin de los espacios donde una voz pueda contradecir, desacomodar o cuestionar.

Ana Arzoumanian, abogada, poeta y ensayista nacida en Buenos Aires en 1962, publica Una revolución sin revolucionarios, un ensayo que recorre la historia de la narración humana desde las primeras marcas en las cavernas hasta la cultura de los reels, preguntando qué permanece del alma cuando la vida se convierte en información medible.

Para Arzoumanian, la revolución cibernética no es un simple cambio de herramientas sino un trastrocamiento epistémico profundo. Los grandes pilares de la modernidad —soberanía, representación, Estado-Nación— se desmoronan bajo la aceleración digital, reemplazados por una uniformidad fragmentada que reconfigura la sociedad en esquema de castas. Retomando a Walter Benjamin y su advertencia sobre la pérdida del aura en la obra de arte, la autora sostiene que hemos ido un paso más lejos: la ficción acordada que fundamentaba la legalidad y la democracia misma ha sido aniquilada. El número, la ingeniería y la ciencia cuentan ahora nuestras historias.

Un eje central del ensayo es la saturación de imágenes. Desde la Guerra del Golfo en 1991, lo real y lo virtual se volvieron indistinguibles, y la imagen dejó de ser testimonio para convertirse en producción y destrucción simultáneas. Esa difuminación se expande hoy hacia la palabra: lo que antes era creación apasionada de un escritor respondiendo al mundo se convierte en codificación medible, en variables que ya no subvierten sino que complacen. Los videos cortos en redes sociales funcionan como inductores de sensibilidad —ternura, irritación, alegría instantánea— sin canon ni permanencia.

Arzoumanian también examina cómo la doctrina militar occidental ha absorbido esta lógica. Las guerras híbridas utilizan medios e información como armas tan poderosas como las divisiones armadas, disolviendo la distinción entre lo civil y lo militar. Y sobre todo esto se extiende la colonización de Silicon Valley: un modelo estético y ético global basado en la ingeniería norteamericana que distribuye un narcisismo masificado y horizontal. La pregunta final que el ensayo deja flotando es si todo esto representa el fin del parlamento mismo, el fin de los espacios donde una voz pueda todavía contradecir y desacomodar.

Ana Arzoumanian sostiene en su nuevo ensayo que vivimos un momento de transformación radical donde la humanidad abandona sus formas históricas de narración y subjetividad para entrar en un régimen gobernado por algoritmos y datos. El libro, titulado Una revolución sin revolucionarios, traza un arco que va desde las primeras marcas humanas en las cavernas hasta la cultura de las redes sociales, preguntándose qué permanece del alma cuando la vida se convierte en información medible.

La autora, abogada, poeta y ensayista nacida en Buenos Aires en 1962, ha dedicado su carrera a explorar los cruces entre derecho, memoria y tecnología. En este trabajo, propone que la revolución cibernética no es simplemente un cambio de herramientas, sino un trastrocamiento epistémico profundo. Los pilares de la modernidad—soberanía, representación, el Estado-Nación—se desmoronan bajo la aceleración digital, reemplazados por una uniformidad fragmentada donde solo parecen existir ricos y pobres, estructurados como castas.

Arzoumanian examina cómo la inteligencia artificial representa un eslabón más en una cadena de desarrollos tecnológicos que comenzó con la fotografía y la reproducción técnica. Así como Walter Benjamin advirtió sobre la pérdida del aura en la obra de arte, ella sostiene que hemos avanzado un paso más: la ficción acordada que fundamentaba la legalidad, la ciudadanía y la democracia misma ha sido aniquilada. La escritura alfabética, que durante siglos ofrecía un referente emocional y representativo, cede ante la escritura estructurada por algoritmos de sustancia matemática. El número, la ingeniería, la ciencia cuentan ahora nuestras historias.

Un punto central en su análisis es la saturación de imágenes. Desde 1991, durante la Guerra del Golfo, las imágenes reales y virtuales se volvieron indistinguibles. La imagen dejó de ser testimonio para convertirse en un proceso simultáneo de producción y destrucción. Esta difuminación entre realidad y ficción, que comenzó con lo visual, se expande ahora hacia la palabra misma. Lo que antes era creación apasionada de un escritor respondiendo a los problemas del mundo se convierte en codificación medible, en variables cualitativas y cuantitativas que ya no reflejan la visión subvertida de un autor sino la conformidad con lo que el usuario solicita.

Arzoumanian advierte sobre una nueva forma de guerra sin cuerpos visibles del agresor, donde los drones y sistemas de vigilancia operan desde un exterior. De manera análoga, la escritura generada por máquinas carece de cuerpo, de sensibilidad corporal del escritor, aunque el cuerpo del lector reciba textos diseñados para calmarlo, adormecerlo o estimularlo. Los videos cortos en redes sociales—los reels—funcionan como inductores de sensibilidad que generan afectos instantáneos: ternura, irritación, alegría. Fragmentos que se suceden sin canon ni permanencia, contrarios a la promesa de durabilidad que ofrecía la escritura tradicional.

La autora también analiza cómo la revolución cibernética ha transformado la doctrina militar occidental. Las guerras híbridas, conformadas por revoluciones de colores y conflictos no convencionales, utilizan los medios como armas operativas tan poderosas como las divisiones armadas. La distinción entre área civil y militar desaparece. A través del lenguaje, las imágenes y la información, se intenta seducir poblaciones para que derriben gobiernos mediante desobediencia política masiva. Estos combates no son lineales ni centrados en tanques y líneas de batalla definidas, sino caóticos e impredecibles.

Final mente, Arzoumanian señala una colonización más precisa que cualquier otra: la de Silicon Valley, que impone un modelo estético y ético global basado en la ingeniería norteamericana. Un narcisismo masificado y horizontal que no se jerarquiza por reconocimiento sino que se distribuye uniformemente. La pregunta que deja flotando es si todo esto representa el fin del parlamento mismo, el fin de espacios donde lo que se escucha pueda contradecir, desacomodar, cuestionar.

La literatura no está más entre nosotros. El número, la ingeniería, la ciencia cuentan nuestras historias.
— Ana Arzoumanian, citando a Jimena Canales en Una revolución sin revolucionarios
¿Acaso habrá una colonización más precisa, más aguda y penetrante que la que está llevando a cabo Microsoft al mundo?
— Ana Arzoumanian en Una revolución sin revolucionarios
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué Arzoumanian insiste en que esto no es una revolución con revolucionarios? ¿Quién está a cargo?

Model

Porque nadie está realmente a cargo, o todos lo estamos. No hay un grupo consciente que diga "vamos a transformar la humanidad". Es un cambio que ocurre a través de nuestro uso cotidiano de plataformas, algoritmos, redes. Somos productores y consumidores simultáneamente.

Inventor

Pero menciona a Silicon Valley, a Microsoft. ¿No son ellos los revolucionarios?

Model

Son los arquitectos del sistema, sí. Pero su poder no viene de una ideología declarada sino de la imposición silenciosa de un modelo estético que se presenta como neutral, como técnico. Eso es lo inquietante: la colonización ocurre sin necesidad de ejércitos.

Inventor

¿Qué significa que "la literatura no está más entre nosotros"?

Model

Que la palabra ya no es el vehículo principal de significado. Los algoritmos cuentan historias ahora, pero historias sin pasión, sin la subversión que un escritor podría inyectar. Es medible, predecible, diseñada para conformar al lector, no para perturbarlo.

Inventor

¿Entonces los reels, los videos cortos, son la muerte de la narrativa?

Model

No exactamente la muerte. Es una mutación. Los reels generan afectos intensos pero instantáneos. No hay permanencia, no hay profundidad. Es estimulación rápida que promete más estimulación. Es consumo emocional.

Inventor

¿Y las guerras híbridas? ¿Cómo se conectan con todo esto?

Model

Son la aplicación militar de lo mismo. Si los medios pueden manipular sensibilidades, pueden derrocar gobiernos sin disparar un tiro. La información es el arma. Y eso borra la línea entre civil y militar, entre paz y guerra.

Inventor

¿Hay algo que se salve en este cuadro?

Model

Arzoumanian no lo dice explícitamente. Pero al nombrar lo que está ocurriendo, al hacerlo visible, quizás abre una grieta. La conciencia de la transformación podría ser el primer paso para resistir o al menos para no ser completamente absorbido.

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