Más de 500,000 deportaciones equivalen a seis veces la capacidad del Estadio MetLife
Cuando el mundo se prepara para celebrar el fútbol en tres naciones, Amnistía Internacional recuerda que los grandes eventos no ocurren en el vacío: detrás de los estadios hay políticas migratorias que han deportado a más de 500,000 personas, 133,500 desaparecidos que claman justicia en México, y comunidades vulnerables que temen ser invisibilizadas en Canadá. El informe publicado por la organización es, en esencia, una pregunta moral dirigida a la FIFA y a los gobiernos anfitriones: ¿puede llamarse inclusivo un torneo que excluye, desplaza o silencia a los más vulnerables?
- Amnistía Internacional publica un informe urgente que documenta cómo las políticas de los tres países anfitriones del Mundial 2026 amenazan derechos fundamentales antes de que ruede el primer balón.
- En Estados Unidos, agentes de ICE derriban puertas, detienen menores y aficionados de cuatro países participantes tienen prohibida la entrada, mientras las deportaciones de 2025 superan las 500,000 personas.
- En México, 100,000 agentes de seguridad —incluidos militares— serán desplegados, y un movimiento de madres de desaparecidos planea protestar frente al Azteca el día de la inauguración.
- En Canadá, el fantasma de los Juegos de Vancouver 2010 regresa: la crisis de vivienda alimenta el temor de que personas sin hogar sean desalojadas para dar paso a la infraestructura del torneo.
- La FIFA prometió un torneo seguro, acogedor e inclusivo, pero Amnistía Internacional advierte que esa promesa choca de frente con decisiones políticas concretas que aún no han sido tomadas.
Amnistía Internacional ha encendido una señal de alerta sobre la Copa Mundial de Fútbol 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá. Su informe, titulado "La Humanidad Debe Triunfar", sostiene que las políticas vigentes en los tres países anfitriones representan una amenaza real a los derechos de miles de personas.
En Estados Unidos, el panorama es especialmente grave. Steve Cockburn, director de Justicia Económica y Social de la organización, señaló que más de 500,000 personas fueron deportadas durante 2025 —más de seis veces la capacidad del Estadio MetLife, sede de la final. Los agentes de ICE han intensificado redadas que incluyen la detención de menores, y aficionados de cuatro países participantes tienen vedada la entrada al territorio estadounidense. La retórica de Trump hacia Venezuela e Irán añade incertidumbre sobre la participación de esas selecciones.
México, por su parte, ha movilizado 100,000 agentes de seguridad en respuesta a la violencia que atraviesa el país. Al mismo tiempo, un movimiento de mujeres que exige verdad y justicia por las 133,500 personas desaparecidas ha anunciado una protesta pacífica frente al Estadio Azteca el día inaugural, subrayando las tensiones que marcarán el torneo desde su primer partido.
Canadá enfrenta el riesgo de repetir los errores de los Juegos Olímpicos de Vancouver 2010, cuando comunidades vulnerables fueron desplazadas para dar paso a la infraestructura deportiva. Con una crisis de vivienda en crecimiento, el temor a que personas sin hogar sean desalojadas es hoy una preocupación concreta.
Amnistía Internacional, que agrupa a 10 millones de personas en el mundo, concluye que la inclusión real del torneo dependerá de decisiones políticas que aún están pendientes. El fútbol puede unir al mundo, pero no puede hacerlo ignorando a quienes quedan fuera de sus estadios.
La organización internacional de derechos humanos Amnistía Internacional ha publicado un informe que suena una alarma clara: la Copa Mundial de Fútbol de 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, enfrenta riesgos significativos de violaciones a los derechos fundamentales de miles de personas.
El documento, titulado "La Humanidad Debe Triunfar: Defender los Derechos y Abordar la Represión en la Copa Mundial de la FIFA 2026", señala que las políticas migratorias del gobierno estadounidense bajo la administración de Donald Trump representan una amenaza directa a la promesa que hizo la FIFA de un torneo seguro, acogedor e inclusivo. Steve Cockburn, director de Justicia Económica y Social de Amnistía Internacional, ofreció una cifra que pone en perspectiva la magnitud del problema: más de 500,000 personas han sido deportadas desde Estados Unidos durante 2025. Para dimensionar esto, Cockburn comparó ese número con la capacidad del Estadio MetLife en Nueva Jersey, donde se jugará la final del torneo. Las deportaciones de 2025 equivalen a más de seis veces el número de espectadores que cabrán en ese estadio.
Los agentes de la agencia de inmigración estadounidense, conocida como ICE, han intensificado sus operaciones. El informe documenta que estos agentes derriban puertas y detienen a menores de edad en redadas. Además, aficionados de cuatro países participantes en la Copa del Mundo tienen prohibida la entrada a Estados Unidos debido a las restricciones impuestas por el mandatario. Los ataques retóricos de Trump hacia Venezuela e Irán han generado incertidumbre adicional sobre si los equipos de estas naciones podrán participar sin obstáculos.
Pero la preocupación no se limita al territorio estadounidense. En México, el gobierno ha movilizado a 100,000 agentes de seguridad, incluyendo personal militar, en respuesta a los elevados niveles de violencia que azotan al país. Simultáneamente, un movimiento de mujeres y madres que busca verdad, justicia y reparación por las 133,500 personas desaparecidas en México ha anunciado que realizará una protesta pacífica frente al Estadio Azteca el día de la inauguración del torneo. Esta convergencia de eventos subraya las tensiones que rodearán al torneo desde su primer partido.
Canadá, el tercer anfitrión, enfrenta sus propias preocupaciones. La experiencia de los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en Vancouver en 2010 dejó lecciones amargas sobre el desplazamiento de poblaciones vulnerables. Ahora, con una crisis de vivienda que crece en el país, existe temor de que personas sin hogar sean desalojadas para preparar infraestructura para el torneo, repitiendo patrones que ya causaron daño en el pasado.
Amnistía Internacional, movimiento que agrupa a 10 millones de personas en todo el mundo y que trabaja para que todos disfruten de sus derechos humanos fundamentales, ha hecho un llamado claro: estas realidades no pueden ignorarse mientras el mundo se prepara para celebrar el fútbol. El informe deja en claro que la inclusión y la seguridad del torneo dependerán de decisiones políticas concretas que aún están por tomarse.
Citas Notables
Esta cifra equivale a más de seis veces el número de personas que asistirán a la final de la Copa Mundial en el Estadio MetLife en Nueva Jersey— Steve Cockburn, director de Justicia Económica y Social de Amnistía Internacional
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué Amnistía Internacional decidió publicar este informe justo ahora, meses antes del torneo?
Porque el tiempo es crítico. Las decisiones sobre seguridad, migración y desplazamiento se toman ahora. Si esperan hasta que el torneo comience, será demasiado tarde para cambiar políticas.
¿Qué significa realmente que aficionados de cuatro países tengan prohibida la entrada?
Significa que personas que quieren ver jugar a su país simplemente no pueden entrar a Estados Unidos. No es un inconveniente logístico; es una exclusión política directa.
La cifra de 500,000 deportaciones parece abstracta. ¿Cómo la entienden las personas?
Por eso Cockburn la comparó con el Estadio MetLife. Seis veces la capacidad de ese estadio. Son familias, trabajadores, personas con raíces. No son números.
¿Qué teme Amnistía que suceda específicamente durante el torneo?
Que las operaciones de ICE se intensifiquen durante el evento. Que las protestas en México sean reprimidas. Que en Canadá desalojen a personas sin hogar para "limpiar" la ciudad.
¿Tiene la FIFA responsabilidad en esto?
La FIFA prometió un torneo seguro e inclusivo. Esa promesa significa algo. Si no presiona a los gobiernos anfitriones sobre derechos humanos, la promesa es vacía.