En un almacén de Las Vegas, Amazon ha convertido la destrucción de libros físicos en un método sistemático para alimentar sus modelos de inteligencia artificial: corta el lomo de cada ejemplar, escanea su contenido y descarta los restos. La humanidad lleva siglos preservando el libro como objeto sagrado de memoria colectiva; ahora, una de las corporaciones más poderosas del mundo lo consume como materia prima. La tensión entre el progreso tecnológico y la preservación cultural rara vez ha sido tan literal ni tan silenciosa.