Amanda: la joven que eligió el uniforme antes de elegir su camino

Inventé el mundo antes de que el mundo me inventara a mí
Amanda describe su filosofía de vida: tomar decisiones propias en lugar de aceptar las que otros esperan de ella.

En una época donde los caminos juveniles suelen trazarse por convención, Amanda Maray Torres eligió el Servicio Militar Voluntario Femenino no por obligación ni por falta de opciones, sino como acto deliberado de autodefinición. Con casi veinte años y un expediente académico que le abría otras puertas, prefirió la disciplina de la Brigada de la Frontera Orden Antonio Maceo porque intuía que allí encontraría algo que los libros de texto no podían darle. Su historia habla de una generación que, incluso dentro de estructuras institucionales, busca forjar su identidad desde adentro hacia afuera.

  • Amanda fue rechazada dos veces por instituciones militares antes de encontrar su camino, pero cada negativa fortaleció su determinación en lugar de apagarla.
  • Ingresar a un régimen de disciplina combativa siendo una joven con vocación artística y científica creó una tensión productiva que la obligó a descubrirse a sí misma.
  • La cercanía física con la Base Naval estadounidense y la carga ideológica del servicio pusieron a prueba no solo su cuerpo, sino su capacidad de sostener convicciones propias dentro de un sistema colectivo.
  • Al terminar, en lugar de alivio sintió un vacío: las amistades forjadas bajo presión y el ritmo de vida compartido dejaron una huella más profunda que cualquier certificado.
  • Hoy avanza hacia la Medicina Veterinaria con acceso directo a estudios superiores, pero también baila K-pop, escribe en Wattpad y actúa, construyendo una identidad que no cabe en una sola categoría.

Amanda Maray Torres Fernández tiene casi veinte años y ya sabe que las decisiones que más importan son las que nadie espera que tomes. Creció fascinada por el mundo militar, intentó ingresar a los Camilitos al terminar la secundaria y fue rechazada. Cursó tres años en el aula vocacional del Ministerio del Interior y en duodécimo grado le negaron el acceso nuevamente. Cualquiera habría desistido. Amanda no.

Con un expediente académico que le permitía presentarse a la universidad sin obstáculos, eligió el Servicio Militar Voluntario Femenino. No por necesidad, sino por convicción. Esa certeza la llevó a la Brigada de la Frontera Orden Antonio Maceo, donde pasó poco más de un año bajo un régimen de rigor que muchos no logran soportar. Aprendió a disparar, a organizarse, a ser independiente. Pero lo que más la marcó fueron las mujeres que conoció: compañeras que hicieron llevadera la experiencia y oficiales que, detrás del uniforme, resultaron ser seres humanos sensibles con familias y sentimientos.

Cuando le preguntan si fue adoctrinamiento o si perdió libertad, Amanda responde sin filtros: se sintió formada en valores que muchos jóvenes hoy carecen. Lo más difícil fue la distancia familiar y la conciencia de estar a metros de la Base Naval estadounidense. Pero nunca quiso renunciar. Al terminar, no sintió alivio sino un vacío: sabía que quizás no volvería a ver a amigas de otras provincias, que no despertaría más con las risas de sus compañeras.

Ahora, con el servicio reconocido como servicio social, accede directamente a estudios superiores. Pero su vida no se reduce a eso. Baila K-pop en el grupo Frassmoon, escribe historias en Wattpad y ha participado en el cine como actriz, guionista y maquillista. Su pasión más profunda, la que la acompañó desde niña, es la veterinaria: sueña con crear una clínica que sea también refugio para los animales más necesitados. Muchos la consideran rara. Ella no se incomoda. Amanda decidió inventar el mundo antes de que el mundo la inventara a ella, y sigue construyendo su historia sin pedir disculpas por ser como es.

Amanda Maray Torres Fernández tiene casi veinte años y ya ha aprendido que las decisiones que más importan son las que nadie espera que tomes. Creció viendo programas sobre la vida militar, fascinada por ese mundo de uniformes y disciplina que la mayoría de las chicas de su edad evitaba. Cuando intentó ingresar a los Camilitos al terminar la secundaria, le dijeron que no. Cuando cursó tres años en el aula vocacional del Ministerio del Interior de su preuniversitario, en duodécimo grado le negaron nuevamente el acceso. Cualquiera habría desistido. Amanda no.

Con un expediente académico impecable y la capacidad intelectual para presentarse a las pruebas de ingreso a la universidad sin mayores obstáculos, eligió un camino distinto: el Servicio Militar Voluntario Femenino. No porque no pudiera estudiar de otra forma, sino porque sentía que la vida militar era para ella. Esa intuición, esa certeza sin explicación racional, la llevó a la Brigada de la Frontera Orden Antonio Maceo, en el Batallón del Oeste, donde pasaría poco más de un año bajo un régimen de rigor y disciplina que muchos no logran soportar.

Durante esos meses, Amanda aprendió a disparar armas de fuego con la seriedad que exigía la preparación combativa. Aprendió a ser independiente, a organizarse, a valorar a quienes estaban a su lado en los momentos difíciles. Pero lo que más le marcó no fueron las habilidades adquiridas ni los conocimientos ganados. Fueron las mujeres que conoció. Sus compañeras hicieron llevadera la experiencia, y detrás de los uniformes de los oficiales descubrió seres humanos sensibles, con familias y sentimientos, que habían renunciado a su libertad civil para defender a la patria y formar a las futuras generaciones.

Cuando le preguntan si sintió que la controlaban, si considera que fue adoctrinamiento, si perdió o ganó libertad, Amanda responde sin filtros. En todo momento se sintió siendo formada en valores que muchos jóvenes hoy carecen. El servicio tiene un componente histórico e ideológico profundo, no es solo preparación física. No se queja de las condiciones, del rigor ni de la disciplina. Entiende que es un lugar destinado a forjar a quienes tienen una misión concreta que cumplir en un momento determinado.

Lo más difícil fue estar lejos de la familia, adaptarse a un nuevo estilo de vida, ser consciente de que a escasos metros estaba la Base Naval estadounidense, el enemigo histórico de Cuba. Hubo días agitados y jornadas de preparación agotadoras. Pero nunca sintió el deseo de renunciar. Cuando terminó, sin embargo, no experimentó el alivio que otros sienten al concluir una etapa difícil. Sintió un vacío. Sabía que quizás no volvería a ver a amigas de otras provincias, que no despertaría más con los gritos y risas de sus compañeras. Mientras otros celebraban su licencia, ella lloraba internamente porque una etapa que la había marcado profundamente había terminado.

Ahora, con el servicio militar reconocido como servicio social, Amanda accede directamente a estudios superiores sin necesidad de pruebas de ingreso. Pero su vida no se reduce a eso. Es bailarina en un grupo llamado Frassmoon, donde bailan K-pop y Pop, géneros poco comunes en Cuba pero que ella ama. Es escritora, con historias en Wattpad que planea continuar. Escribir, dice, es otra forma de seguir existiendo. Ha incursionado en el cine, participando en Pupilas en Acción como actriz, guionista y maquillista, aprendiendo nuevas formas de contar historias.

Pero su verdadera pasión, la que la acompañó desde niña y la que la llevó a tomar esa decisión tan poco convencional, es la veterinaria. Tiene un sueño claro: crear una clínica que sea también un refugio para los animales más necesitados. No solo curar, sino proteger y acoger. Muchos la consideran rara, tanto en el servicio militar como en la vida civil. Ella no se incomoda. Es simplemente fiel a lo que siente, a lo que le gusta, a lo que quiere construir. No necesita encajar en moldes que no son suyos. Amanda es bailarina, escritora, actriz, amiga, hija, hermana y futura veterinaria. Es una muchacha que decidió inventar el mundo antes de que el mundo la inventara a ella, y hoy, con la mochila llena de experiencias y el corazón puesto en el futuro, sigue construyendo su propia historia sin prisas, sin miedos, sin pedir disculpas por ser como es.

Sentía que, de alguna forma, la vida militar era para mí
— Amanda Maray Torres Fernández
No me arrepiento de lo vivido, si pudiera repetirlo lo haría otra vez
— Amanda Maray Torres Fernández
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué crees que Amanda eligió el servicio militar cuando pudo haber entrado a la universidad directamente?

Model

Porque sintió algo que su expediente académico no podía explicar. No era una decisión racional; era una intuición. Ella dice que la vida militar era para ella, y eso es suficiente razón cuando tienes diecinueve años y sabes quién eres.

Inventor

¿Qué cambió en ella durante ese año en la Brigada de la Frontera?

Model

No cambió en el sentido de que se convirtió en otra persona. Más bien se fortaleció. Aprendió a estar sola sin sentirse sola, a ser responsable, a valorar a la gente que la rodeaba. Pero lo más importante fue descubrir que los uniformes no definen a las personas; solo las protegen mientras hacen su trabajo.

Inventor

Cuando terminó el servicio, ¿por qué no sintió alivio como la mayoría?

Model

Porque esa experiencia no fue un obstáculo que superar. Fue un lugar donde pertenecía. Las amistades que hizo, las lecciones que aprendió, todo eso quedó atrás de una forma que duele. No era alivio lo que necesitaba; era tiempo para procesar que algo importante en su vida había terminado.

Inventor

¿Crees que su decisión desafió las expectativas de género en Cuba?

Model

Completamente. Pero Amanda no tomó esa decisión para desafiar nada. La tomó porque era lo que quería. El hecho de que sea mujer y haya completado el servicio militar es importante, pero para ella lo importante es que lo hizo siendo fiel a sí misma.

Inventor

¿Qué significa que ahora sea bailarina, escritora, actriz y futura veterinaria?

Model

Significa que Amanda no cree que una persona deba ser una sola cosa. El servicio militar no la definió; solo fue una etapa. Ella es todas esas cosas a la vez, y ninguna de ellas es más verdadera que las otras. Eso es lo raro de Amanda: que se niega a elegir entre sus pasiones.

Inventor

¿Qué le dirías a alguien que considera que su camino fue innecesario?

Model

Que no lo fue. Amanda no necesitaba el servicio militar para estudiar veterinaria, pero lo necesitaba para ser quien es hoy. A veces el camino más largo es el que te lleva exactamente a donde necesitas estar.

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