Alimentación clave en la menopausia: calcio y evitar bebidas calientes reducen sofocos

El calcio se vuelve crítico en esta etapa, más que en cualquier otra
Durante la menopausia, la pérdida de masa ósea se acelera, aumentando significativamente las necesidades de calcio para prevenir osteoporosis.

En algún momento de la vida, el cuerpo femenino atraviesa una transformación que no es enfermedad sino umbral: la menopausia. Lo que la ciencia y la tradición coinciden en señalar es que la manera en que una mujer come, se mueve y descansa puede determinar si ese umbral se cruza con sufrimiento o con serenidad. El ginecólogo Borja Otero recuerda que culturas como la asiática, donde la soja ha sido alimento cotidiano durante generaciones, ofrecen una lección silenciosa sobre el poder de los hábitos sostenidos en el tiempo.

  • El agotamiento gradual de los folículos ováricos desencadena una caída de estrógenos que sacude el equilibrio del cuerpo con sofocos, pérdida ósea y alteraciones del sueño.
  • Alcohol, café, comidas picantes y bebidas calientes actúan como detonadores que amplifican los síntomas, convirtiendo decisiones cotidianas en factores de alivio o de malestar.
  • La dieta mediterránea y los alimentos ricos en calcio —lácteos, sardinas, brócoli— emergen como escudos frente a la osteoporosis, la complicación silenciosa que avanza con la pérdida hormonal.
  • Extractos de plantas como menocífuga, trébol rojo y soja, junto con melatonina y vitamina D, ofrecen una vía de suplementación que reduce síntomas vasomotores y protege huesos sin recurrir de inmediato a la terapia hormonal.
  • Caminar treinta minutos al día, practicar yoga o meditación y abandonar el tabaco trazan el mapa de una transición que puede navegarse con calidad de vida real.

La menopausia no irrumpe de golpe: es el resultado de un proceso que comienza desde el nacimiento, cuando los folículos ováricos empiezan su lento agotamiento. Al llegar a esta etapa, los folículos restantes dejan de responder a las señales hormonales y cesan la producción de estrógenos. Así lo explica el ginecólogo Borja Otero, quien subraya que lo que comemos durante esta transición influye de manera directa en cómo la vivimos.

Una observación llamativa apunta a las sociedades asiáticas, donde el consumo habitual de soja a lo largo de toda la vida se asocia con sofocos menos intensos y frecuentes. La soja contiene componentes con efecto similar al estrógeno, aunque más suave, lo que explicaría ese efecto protector. En paralelo, la pérdida acelerada de masa ósea convierte al calcio en un nutriente crítico: lácteos, sardinas, brócoli y berros deben ganar protagonismo en el plato. La dieta mediterránea, en términos generales, es la que el especialista considera más beneficiosa.

Hay también alimentos que conviene evitar: el alcohol, el café, las comidas picantes y las bebidas calientes pueden intensificar los sofocos de forma notable. Más allá de la dieta, ciertos extractos vegetales —menocífuga, trébol rojo, salvia, melisa— han mostrado eficacia para reducir síntomas vasomotores y estabilizar el estado de ánimo. La melatonina y la vitamina D completan un arsenal natural que puede marcar una diferencia real.

El movimiento diario es igualmente esencial. Caminar al menos treinta minutos protege el corazón y los huesos con una eficacia que supera a la natación o el ciclismo en lo que a densidad ósea se refiere. La meditación y el yoga suman su parte reduciendo sofocos y mejorando el sueño. Dejar de fumar y moderar el alcohol cierran el círculo de hábitos que convierten la menopausia en una transición navegable, no en una condena.

La menopausia llega inevitablemente, y con ella viene una transformación profunda del cuerpo. Lo que sucede en realidad es que los folículos ováricos, con los que nacemos todas las mujeres, se van agotando gradualmente desde el nacimiento. Durante los años reproductivos, este consumo se acelera con cada ciclo menstrual, hasta que finalmente los folículos restantes pierden su capacidad de responder a las señales hormonales y dejan de producir estrógenos. Así lo explica el doctor Borja Otero, ginecólogo especializado que atiende en consulta privada.

Lo que comemos durante esta etapa tiene una influencia notable sobre cómo experimentamos estos cambios. El doctor Otero señala una observación interesante: en las sociedades asiáticas, donde el consumo de soja es elevado durante toda la vida, los síntomas típicos de la menopausia—especialmente los sofocos—son menos intensos y frecuentes que en Occidente. La soja contiene componentes que actúan de manera similar a los estrógenos, aunque con menor intensidad, lo que explica este efecto protector.

Una de las consecuencias a largo plazo de la menopausia es el riesgo de osteoporosis. Durante esta etapa, la pérdida de masa ósea se acelera significativamente, por lo que las necesidades de calcio aumentan considerablemente. El doctor Otero recomienda aumentar el consumo de alimentos ricos en este mineral: leche y sus derivados, sardinas, brócoli y berros. Aunque una alimentación adecuada es importante en todas las etapas de la vida, durante la menopausia se vuelve crítica. En general, añade el especialista, ninguna dieta resulta más beneficiosa que la mediterránea.

Al mismo tiempo, es fundamental identificar qué alimentos empeoran los síntomas. Los alimentos con exceso de calorías y grasas son particularmente perjudiciales para la salud cardiovascular. Pero hay otros culpables más específicos: el alcohol, las comidas picantes, las bebidas calientes y el café pueden intensificar los sofocos. Evitar estas sustancias puede marcar una diferencia notable en la calidad de vida durante esta transición.

Más allá de la dieta, la suplementación ofrece alternativas valiosas. El doctor Otero explica que ciertos extractos de plantas—soja, menocífuga, trébol rojo y polen—han demostrado eficacia para reducir la intensidad y frecuencia de los síntomas vasomotores como sofocos y crisis de sudoración. Los preparados con extractos de salvia o melisa pueden mejorar el estado de ánimo y estabilizar los cambios emocionales. La melatonina, junto con estas plantas, también puede mejorar la calidad del sueño. Para la prevención y tratamiento de la osteoporosis, la suplementación con calcio y vitamina D resulta fundamental si los niveles son insuficientes.

El ejercicio físico regular es igualmente importante. Caminar al menos treinta minutos diarios mejora la salud cardiovascular y reduce significativamente el riesgo de osteoporosis. Este tipo de actividad de impacto es especialmente efectivo para la salud ósea, aunque también pueden practicarse alternativas como el baile. Otras actividades como el ciclismo o la natación tienen beneficios, pero para la densidad ósea, algo tan simple como caminar resulta ser lo más efectivo.

Finalmente, prácticas como la meditación, el yoga y el mindfulness pueden ayudar a reducir los sofocos y las crisis de sudoración. En cuanto a los hábitos que deben abandonarse, el más importante es dejar de fumar y reducir el consumo de alcohol. La menopausia no es una enfermedad, sino una transición que puede navegarse con información, alimentación consciente y movimiento regular.

En sociedades asiáticas donde la ingesta de soja es muy alta durante toda la vida, los síntomas típicamente asociados a esta etapa como los sofocos son menos intensos y frecuentes que en sociedades occidentales
— Doctor Borja Otero, ginecólogo especialista
Para la salud ósea, algo tan sencillo como caminar es lo más efectivo
— Doctor Borja Otero
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué la soja tiene ese efecto protector que no vemos en Occidente?

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Contiene componentes que imitan la acción del estrógeno, pero de forma más suave. En Asia, donde se consume durante toda la vida, los sofocos son menos frecuentes e intensos que aquí.

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¿Es la osteoporosis inevitable durante la menopausia?

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No es inevitable, pero el riesgo aumenta porque la pérdida de masa ósea se acelera. Por eso el calcio se vuelve crítico en esta etapa, más que en cualquier otra.

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¿Qué hace que una bebida caliente empeore los sofocos?

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No está completamente claro el mecanismo, pero el alcohol, el café y las bebidas calientes son desencadenantes conocidos. Evitarlos puede reducir notablemente la frecuencia.

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¿La suplementación puede reemplazar el tratamiento hormonal?

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Es la principal alternativa para los síntomas vasomotores. Plantas como el trébol rojo y la menocífuga han mostrado eficacia, aunque cada mujer responde diferente.

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¿Cuál es el ejercicio más efectivo para los huesos?

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Caminar treinta minutos diarios es sorprendentemente efectivo. Cualquier actividad de impacto ayuda, pero la simplicidad del caminar lo hace accesible para la mayoría.

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¿Puede el yoga realmente reducir los sofocos?

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Sí, junto con la meditación y el mindfulness. Estas prácticas ayudan a gestionar los síntomas vasomotores, probablemente por su efecto en el sistema nervioso.

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