En los suburbios de Long Island, donde los patios traseros colindan con la naturaleza salvaje, tres personas han contraído tularemia, una enfermedad rara transmitida por garrapatas que recuerda cuán porosa es la frontera entre lo doméstico y lo silvestre. La historia de un niño de nueve años que pasó once días en agonía tras una simple picadura en la cabeza ilustra que las amenazas más invisibles no siempre llegan de lugares lejanos, sino del jardín de casa. Las autoridades advierten que la rareza misma de esta enfermedad la hace más peligrosa, pues pocos médicos la reconocen a tiempo.
Alertan sobre casos de tularemia en Long Island tras diagnósticos en Suffolk
Un niño de 9 años sufrió fiebre alta y dolor intenso durante 11 días tras contraer tularemia por picadura de garrapata.