En el espacio donde la confianza y la tecnología se entrelazan, ha surgido una trampa que explota lo familiar para volverlo peligroso: avisos que imitan la apariencia de Google Chrome invitan a usuarios de Windows a descargar archivos maliciosos que convierten sus propias máquinas en herramientas de enriquecimiento ajeno. El engaño no requiere sofisticación técnica por parte de la víctima, solo un momento de distracción ante un mensaje diseñado para parecer urgente e inevitable. La lección que emerge es antigua: lo que parece conocido no siempre es seguro, y la prisa es el aliado más fiel del