Alan Greenspan, profeta de la exuberancia irracional, muere a los 100 años

La crisis de 2007-2009 resultante de las políticas de Greenspan causó pérdida de viviendas, desempleo masivo y recesión global que afectó millones de hogares.
Las mismas decisiones que lo hicieron héroe lo convirtieron en villano
Greenspan fue celebrado por la expansión de los noventa pero culpado por las políticas que causaron la crisis de 2007.

Alan Greenspan, quien durante dieciocho años condujo la Reserva Federal estadounidense bajo cuatro presidentes, falleció a los cien años dejando una herencia que encarna la paradoja más profunda del poder monetario: las mismas palancas que impulsan la prosperidad pueden, con el tiempo, desencadenar el colapso que prometían evitar. Su trayectoria —de arquitecto celebrado de la expansión más larga de la historia moderna a figura señalada por la Gran Recesión de 2007— recuerda que las decisiones tomadas en los centros del poder económico no permanecen en los libros de texto, sino que se instalan en los hogares, los empleos y las vidas de millones de personas.

  • Greenspan acuñó la advertencia más citada de su era —'exuberancia irracional'— y luego presidió en silencio los tres años adicionales en que esa misma exuberancia siguió inflando la burbuja puntocom.
  • Las tasas de interés bajas que alimentaron la expansión ininterrumpida de los noventa se convirtieron, tras el estallido de 2001, en el combustible de una nueva irracionalidad: los créditos hipotecarios subprime ofrecidos a quienes no podían pagarlos.
  • Cuando la Fed comenzó a subir las tasas entre 2004 y 2006, los deudores más vulnerables no resistieron; los embargos se multiplicaron en 2007 y los bancos expuestos a esos bonos hipotecarios quebraron en cadena.
  • La recesión que siguió —de diciembre de 2007 a junio de 2009— se convirtió en un fenómeno global que despojó a millones de familias de sus viviendas, sus empleos y su estabilidad.
  • Greenspan defendió sus decisiones argumentando que las tasas federales ya no influían en los créditos hipotecarios desde 2002, pero la historia consolidó una narrativa distinta: la del hombre cuyas políticas sembraron la crisis que intentaban conjurar.

Alan Greenspan murió a los cien años dejando un legado que encarna la paradoja central de la política monetaria moderna: las mismas decisiones que generan prosperidad pueden sembrar las semillas de catástrofes financieras globales.

Durante dieciocho años y cinco meses, Greenspan presidió la Reserva Federal bajo cuatro presidentes. Su nombre quedó grabado en la historia el 5 de diciembre de 1996, cuando preguntó ante el American Enterprise Institute cómo podría saberse cuándo la 'exuberancia irracional' había inflado indebidamente los valores de los activos. La frase, concebida en la bañera donde solía reflexionar, provocó caídas bursátiles momentáneas, pero la exuberancia continuó tres años más.

Los noventa fueron una transformación sin precedentes. Internet prometía reescribir las reglas de la economía, y empresas que apenas existían en papel cotizaban con valuaciones astronómicas. Yahoo! pasó de dos dólares con setenta y cinco centavos por acción en 1996 a doscientos treinta y siete dólares en enero de 2000. Las tasas bajas de Greenspan alimentaron ese crecimiento, conjugándose con ganancias reales de productividad. La expansión ininterrumpida de una década fue la más larga en la historia estadounidense, y Greenspan fue celebrado como su arquitecto.

Pero el 10 de marzo de 2000 comenzó el derrumbe tecnológico. Cuando la recesión de 2001 amenazó con profundizarse, la Fed volvió a bajar las tasas, abriendo la puerta a los créditos hipotecarios subprime. Al subir las tasas entre 2004 y 2006, los deudores más vulnerables no pudieron pagar. Los embargos llegaron en 2007, los bancos expuestos a esos bonos quebraron, y la recesión global se extendió hasta junio de 2009, afectando a millones de hogares.

Greenspan argumentó que desde 2002 sus decisiones ya no influían en el mercado hipotecario. La historia, sin embargo, lo recordó como el hombre cuyas políticas de tasas bajas, diseñadas para evitar una recesión, terminaron alimentando la burbuja que causaría la mayor crisis financiera de la era moderna. Su muerte cierra una era, pero el debate sobre los límites del poder monetario central que su vida encendió permanece abierto.

Alan Greenspan murió el lunes a los cien años, dejando atrás un legado que encarna la paradoja fundamental de la política monetaria moderna: las mismas decisiones que crean prosperidad pueden sembrar las semillas de catástrofes financieras globales.

Durante dieciocho años y cinco meses, Greenspan presidió la Reserva Federal estadounidense, trabajando bajo cuatro presidentes distintos. Su nombre quedó grabado en la historia económica el 5 de diciembre de 1996, cuando pronunció una frase que se convertiría en referente obligado: "¿Cómo sabemos cuándo la exuberancia irracional ha escalado indebidamente los valores de los activos?" La pregunta, formulada ante el American Enterprise Institute, surgió de una reflexión en la bañera, ese espacio donde Greenspan solía construir sus advertencias más cuidadosas. Las palabras causaron caídas en las bolsas en las horas siguientes, pero pronto fueron olvidadas. La exuberancia continuaría durante tres años más.

La década de los noventa fue testigo de una transformación económica sin precedentes. Internet llegó a los mercados financieros con la promesa de reescribir las reglas fundamentales de la economía. Empresas que apenas existían en papel comenzaron a cotizar en bolsa con valuaciones astronómicas. Yahoo!, por ejemplo, salió a bolsa el 12 de abril de 1996 a dos dólares con setenta y cinco centavos por acción. Menos de cuatro años después, el 3 de enero de 2000, esas mismas acciones valían doscientos treinta y siete dólares con cincuenta centavos, más de ochenta y seis veces su precio original. Los evangelistas de la nueva economía hablaban de un mundo sin fricciones, donde la información fluía transparente y los mercados se ajustaban automáticamente. Familias francesas se endeudaban para comprar acciones terminadas en "puntocom", confiadas en que cualquier tasa de interés era insignificante comparada con las ganancias que recibirían.

Greenspan y la Reserva Federal jugaron un papel central en esta expansión. Las tasas de interés bajas alimentaron el crecimiento, conjugándose con las ganancias reales en productividad que internet hizo posibles. Entre marzo de 1991 y marzo de 2001, la economía estadounidense experimentó una expansión ininterrumpida de una década, la más larga en la historia del país. Greenspan fue celebrado como el arquitecto de esta prosperidad, más recordado que los presidentes bajo los cuales sirvió. Pero el 10 de marzo de 2000, las acciones de las empresas de tecnología comenzaron a caer. El 18 de mayo de 2000, Boo.com, una firma de comercio electrónico respaldada por inversionistas de renombre como Bernard Arnault y la familia Benetton, se declaró en quiebra. Entre marzo de 2000 y 2001, las ganancias de las acciones puntocom se evaporaron, y con ellas terminó la expansión de una década.

Lo que vino después transformó la narrativa de Greenspan de héroe a villano, aunque por las mismas razones. Cuando la recesión de 2001 amenazó con profundizarse, la Reserva Federal bajó nuevamente las tasas de interés. Esas tasas bajas abrieron la puerta a una nueva forma de irracionalidad: préstamos hipotecarios ofrecidos a clientes sin ingresos suficientes, conocidos como subprime. Cuando la Fed comenzó a subir las tasas en junio de 2004, continuando hasta 2006, las tasas variables de estos créditos también subieron. Muchos deudores no pudieron pagar. Las viviendas comenzaron a ser embargadas en 2007. Los bancos que habían invertido en bonos respaldados por estas hipotecas quebraron. La recesión llegó en diciembre de 2007 y se extendió hasta junio de 2009, convirtiéndose en un fenómeno global.

Greenspan argumentó después que desde 2002 ya no había relación entre las tasas de la Reserva Federal y las de los préstamos hipotecarios, por lo que sus decisiones no hubieran tenido efectos en el mercado de vivienda. Pero la historia lo recordaría de otra manera: como el hombre cuyas políticas de tasas bajas, diseñadas para evitar una recesión, terminaron alimentando una burbuja de crédito que causaría pérdida de viviendas, desempleo masivo y una contracción económica global que afectaría a millones de hogares. Su muerte marca el cierre de una era, pero sus decisiones continúan moldeando el debate sobre los límites y responsabilidades del poder monetario central.

¿Cómo sabemos cuándo la exuberancia irracional ha escalado indebidamente los valores de los activos, que luego se convierten en objeto de contracciones inesperadas y prolongadas?
— Alan Greenspan, 5 de diciembre de 1996
Desde el año 2002 ya no había relación entre las tasas de la Fed y las de los préstamos hipotecarios
— Alan Greenspan, en su defensa posterior
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué Greenspan es recordado tanto por la prosperidad de los noventa como por la crisis de 2007? Parecen ser dos historias completamente diferentes.

Model

No son historias diferentes. Son la misma historia contada desde dos momentos distintos. Las tasas de interés bajas que permitieron que la economía creciera durante diez años sin interrupciones fueron exactamente lo que después alimentó la burbuja de vivienda. El problema es que nadie sabía cuándo parar.

Inventor

Pero ¿no vio venir la crisis? Él mismo acuñó el término "exuberancia irracional" en 1996.

Model

Vio que algo podía ocurrir. Pero ver y actuar son cosas distintas. Advirtió sobre la burbuja puntocom, pero sus tasas bajas la alimentaron de todas formas. Luego, cuando esa burbuja estalló, bajó las tasas aún más para evitar una recesión mayor. Eso creó las condiciones para la siguiente burbuja.

Inventor

¿Entonces estaba atrapado? ¿Sin opciones reales?

Model

Quizás. O quizás confiaba demasiado en que los mercados se autorregularían, en que la información fluiría transparente y todo se ajustaría automáticamente. Eso es lo que creían los evangelistas de la nueva economía. Greenspan parecía creerlo también.

Inventor

¿Y la gente que perdió sus casas? ¿Qué lugar ocupan en esta historia?

Model

Ocupan el lugar que siempre ocupan: el de quienes pagan el precio cuando las apuestas de los bancos centrales no salen como se esperaba. Familias que se endeudaron porque les dijeron que podían hacerlo, que los precios siempre subirían. Cuando todo colapsó, ellos fueron quienes perdieron las viviendas.

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