Cuando un gobierno anuncia austeridad cerrando embajadas que representan apenas el 0,35% del presupuesto nacional, la pregunta que queda flotando no es cuánto se ahorra, sino qué mensaje se está enviando. El presidente electo colombiano Abelardo de la Espriella ha ordenado el cierre de veinte misiones diplomáticas, con ruptura formal solo hacia Cuba y Nicaragua, a quienes califica de 'tiranías'. En el umbral de su mandato, Colombia reorganiza su presencia en el mundo no tanto por necesidad fiscal como por voluntad política, y esa distinción importa más de lo que los números revelan.