Los incendios revirtieron décadas de progreso en aire limpio
Durante décadas, Estados Unidos construyó un legado de aire más limpio a través de políticas ambientales sostenidas; hoy, los incendios forestales amenazan con borrar ese esfuerzo generacional. Investigadores de la Universidad de Iowa documentan cómo el ozono superficial generado por el humo ha revertido tendencias positivas que duraron más de veinte años, causando cerca de 318 muertes prematuras anuales desde 2013 y exponiendo a decenas de millones de personas a aire que no cumple los estándares federales. Lo que emerge no es solo una crisis de salud pública, sino una pregunta más profunda sobre la fragilidad del progreso ambiental ante un clima que cambia más rápido que las instituciones diseñadas para protegerlo.
- Los incendios forestales han deshecho silenciosamente décadas de avances en calidad del aire, revirtiendo una tendencia descendente en ozono superficial que se mantuvo estable entre 2003 y 2015.
- Las cifras son contundentes: 7.974 muertes prematuras por smog solo en 2023 y 43 millones de personas expuestas a aire insalubre entre 2022 y 2024, con un aumento del 46% en muertes vinculadas al ozono de incendios desde 2013.
- El sistema de responsabilidad ambiental muestra sus grietas: cuando el humo viaja cientos de kilómetros desde otro estado o país, las autoridades locales quedan atrapadas en procedimientos burocráticos que no fueron diseñados para emergencias transfronterizas crónicas.
- La temporada de incendios canadienses de 2023 expuso a 148 millones de estadounidenses —el 44% de la población— a niveles de ozono que superaron los estándares federales, ilustrando la escala del desafío.
- Con el cambio climático intensificando la frecuencia e intensidad de los incendios, los investigadores advierten que las estrategias actuales de gestión ambiental son insuficientes para una realidad donde el fuego ya no es la excepción sino la norma.
Durante décadas, Estados Unidos redujo consistentemente su contaminación atmosférica. Las regulaciones funcionaron, los niveles de ozono superficial bajaron y el progreso parecía sostenido. Pero desde 2015, esa tendencia comenzó a invertirse, y los científicos identificaron al culpable: los incendios forestales.
Un equipo de la Universidad de Iowa publicó en la revista Science un estudio que traza con precisión cómo el humo de los incendios genera ozono superficial —no el ozono protector de la estratosfera, sino el que se forma a ras del suelo y daña los pulmones— revirtiendo los logros ambientales acumulados desde los años noventa. Desde 2013, las muertes prematuras atribuibles a este fenómeno aumentaron un 46%, con aproximadamente 318 muertes anuales vinculadas directamente al ozono de incendios y 7.974 muertes totales por smog registradas solo en 2023. Entre 2022 y 2024, unos 43 millones de estadounidenses respiraron aire que no cumplía los estándares federales.
Para construir este diagnóstico, los investigadores combinaron datos de cerca de mil estaciones terrestres con información satelital, usando aprendizaje profundo para mapear la contaminación en una cuadrícula de un kilómetro por kilómetro a lo largo de todo el país durante más de veinte años. El análisis es claro: sin los incendios, el ozono hubiera seguido bajando.
El problema desborda las fronteras. La temporada de incendios canadienses de 2023 expuso al 44% de la población estadounidense a niveles de ozono por encima de los límites federales. Sin embargo, el sistema institucional no está preparado para responder a contaminación que viaja miles de kilómetros: las autoridades locales deben demostrar el origen externo del humo para presentar reclamos ante la EPA, un procedimiento que pierde sentido cuando los incendios son cada vez más frecuentes y el humo, omnipresente.
Los investigadores advierten que el cambio climático agravará esta dinámica. Lo que antes era una emergencia ocasional se convierte en la nueva normalidad, y las estrategias de gestión ambiental diseñadas para otro clima ya no alcanzan para proteger la salud de millones de personas.
Durante décadas, Estados Unidos invirtió recursos considerables en limpiar el aire. Las políticas ambientales funcionaron. Los niveles de contaminación bajaron. Pero en los últimos años, algo cambió. Los incendios forestales comenzaron a deshacer ese trabajo.
Científicos de la Universidad de Iowa publicaron recientemente un estudio en la revista Science que documenta cómo los incendios han revertido años de progreso en la reducción de ozono superficial. Este no es el ozono de la estratosfera que nos protege de la radiación ultravioleta. Es el que se forma a nivel del suelo, cerca de donde respiramos, cuando los compuestos orgánicos volátiles y los óxidos de nitrógeno reaccionan bajo la luz solar. Cuando sus concentraciones suben, daña los pulmones y agrava enfermedades respiratorias. Afecta también los cultivos y la vegetación.
La Ley de Aire Limpio y otras regulaciones lograron reducir significativamente las emisiones de óxidos de nitrógeno, especialmente en el este del país. Desde 2003 hasta 2015, los niveles de ozono superficial bajaban consistentemente. Pero esa tendencia se invirtió. Entre 2015 y 2024, la contaminación comenzó a crecer nuevamente, creando bolsas de aire insalubre en amplias regiones. El cambio de dirección coincide con la intensificación de los incendios forestales.
Los números son severos. Desde 2013, las muertes prematuras atribuibles al ozono proveniente de incendios aumentaron un 46 por ciento. Los investigadores calculan que esto representa aproximadamente 318 muertes anuales vinculadas directamente a este fenómeno. Solo en 2023, se registraron 7.974 muertes prematuras causadas por el smog, es decir, por ozono superficial. Entre 2022 y 2024, los incendios expusieron a 43 millones de personas a condiciones que no cumplen con los estándares federales de calidad del aire.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo de investigación desarrolló un conjunto de datos de alta resolución cubriendo el período de 2003 a 2024. Utilizaron técnicas de aprendizaje profundo para combinar información de aproximadamente mil estaciones terrestres con datos satelitales, creando una imagen detallada de la contaminación incluso en áreas rurales donde los medidores son escasos. Dividieron el país en una cuadrícula de un kilómetro por un kilómetro y calcularon los niveles de ozono en cada celda. Luego estimaron el número de muertes prematuras usando fórmulas que consideran la esperanza de vida, la exposición promedio y la densidad poblacional.
Lo que el análisis revela es que sin el efecto de los incendios, los niveles de ozono hubieran continuado descendiendo. El cambio de tendencia es casi enteramente atribuible a las emisiones de los incendios forestales. Jun Wang, uno de los autores del estudio, señala que aunque existen diferencias regionales, el impacto del ozono superficial siempre es mayor que el de otros contaminantes como el carbono negro, que también está vinculado a enfermedades respiratorias y cardíacas.
El problema se complica por la estructura de responsabilidad ambiental en Estados Unidos. Aunque la Agencia de Protección Ambiental establece los estándares nacionales, la gestión de emergencias recae en los estados y municipios. Cuando la contaminación proviene de incendios lejanos, las autoridades locales deben demostrar ese origen para presentar reclamos ante la EPA. Este procedimiento pierde efectividad conforme los incendios se vuelven más frecuentes y el ozono viaja cientos o miles de kilómetros desde su origen.
La temporada de incendios de 2023 en Canadá ilustra la magnitud del problema transfronterizo. Generó niveles de ozono que superaron los estándares federales para 148 millones de estadounidenses, es decir, el 44 por ciento de la población del país. Con el cambio climático intensificando los incendios forestales, los investigadores advierten que la situación podría empeorar significativamente. Las autoridades locales enfrentan la urgencia de actualizar sus estrategias de gestión ambiental para un escenario donde los incendios no son excepciones sino parte de la nueva realidad climática.
Notable Quotes
El impacto del ozono superficial siempre es mayor que el del carbono negro— Jun Wang, autor del estudio de la Universidad de Iowa
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué el ozono de los incendios es diferente del que ya teníamos en el aire?
No es tan diferente en su composición química, pero sí en su origen y escala. Antes, el ozono venía principalmente de emisiones industriales y del tráfico. Eso se podía regular. Ahora, los incendios generan cantidades masivas en poco tiempo, y el ozono viaja lejos. Es más difícil de controlar.
¿Cómo es posible que después de décadas de mejora, de repente empeore todo?
No fue de repente. Fue gradual. Desde 2015 comenzó a cambiar. Pero la gente no lo notó porque los incendios se intensificaban lentamente. Luego, en 2023, fue evidente. Casi la mitad del país respiró aire que no cumplía los estándares.
¿Qué significa eso para una persona que vive en una ciudad lejos de los incendios?
Significa que aunque no veas humo, el ozono está llegando. Tus pulmones se dañan sin que lo sepas. En 2023, casi 8.000 personas murieron por esto. No es un número abstracto.
¿Por qué los gobiernos locales no pueden simplemente decir que es culpa de los incendios?
Porque tienen que probarlo. Y cuando los incendios son constantes, la prueba se vuelve complicada. ¿Es este ozono de un incendio en Canadá o de emisiones locales? Cuando ocurría una vez cada diez años, era fácil. Ahora ocurre cada año.
¿Qué pasa si el cambio climático sigue intensificando los incendios?
Entonces los estándares de calidad del aire que tardaron décadas en establecer se vuelven imposibles de cumplir. No porque fracasemos, sino porque el problema cambió de naturaleza. Ya no es solo contaminación industrial. Es un desastre climático que genera contaminación.