En las áridas alturas del norte de Chile, dos jóvenes incas enterrados con rito y lana de camélido guardaron durante siglos un secreto molecular: el ADN del virus de la viruela, ubicado genéticamente entre las cepas medievales europeas y las variantes que arrasaron el continente americano. El análisis de sus restos, publicado en Science en julio de 2026, ofrece la prueba más sólida hasta hoy de que la viruela no nació en América, sino que cruzó el Atlántico con la colonización. Este hallazgo no solo reescribe un capítulo de la historia epidemiológica, sino que recuerda que el cuerpo humano es
ADN de momias chilenas confirma que la viruela llegó de Europa a América
La viruela mató a aproximadamente un tercio de las personas infectadas en América, devastando poblaciones enteras de indígenas sin inmunidad previa al virus europeo.