El psiquiatra José Abadi señala que la sociedad contemporánea ha alcanzado cotas inéditas de libertad individual al mismo tiempo que ha erosionado su capacidad de reconocer y acoger al otro. Esta paradoja, alimentada por transformaciones demográficas y culturales profundas —como la caída de la natalidad y el auge del tiempo personal—, dibuja una frontera cada vez más difusa entre la autonomía legítima y el narcisismo. En ese umbral, la presencia de los niños emerge no como una carga, sino como un espejo incómodo y necesario del crecimiento humano.