A comienzos de 2026, los mercados creyeron tener trazado el camino: desinflación ordenada, tipos a la baja y tecnología como motor del crecimiento. Pero el conflicto en Oriente Medio alteró esa cartografía con la precisión brutal de los hechos, encareciendo la energía y obligando a los bancos centrales a prolongar su postura restrictiva más allá de lo previsto. En medio de esa tensión, la economía —especialmente la estadounidense— resiste con una entereza que desafía la lógica convencional, mientras la inteligencia artificial acumula inversiones históricas cuyo retorno real aún pertenece al te