Diecisiete mil satélites orbitan la Tierra en silencio, ajenos a cualquier decisión humana de desconexión. Lo que comenzó como una disputa geopolítica entre superpotencias en 1957 se ha convertido en la columna vertebral invisible de la civilización moderna: cada transacción financiera, cada predicción del tiempo, cada paquete entregado depende de esta red suspendida en el cielo. Ignacio Crespo lo descubrió al regresar de unas vacaciones sin móvil: creer que uno puede desconectarse de la tecnología ignorando los satélites es tan ilusorio como pretender escapar de la gravedad.