Desde los desiertos más silenciosos del planeta, los astrónomos contemplan un cielo que se llena de trazos artificiales más rápido de lo que la ciencia puede responder. Un estudio del Observatorio Europeo Austral advierte que la proliferación de hasta 1,7 millones de satélites podría degradar severamente la capacidad humana de observar el universo desde la Tierra, convirtiendo un recurso compartido —el cielo oscuro— en un bien en extinción. La tensión no es entre tecnología y nostalgia, sino entre dos necesidades legítimas de la civilización que aún no han encontrado un marco común para coexis